Para empresas
Un curso presencial cuesta horas de trabajo antes de costar dinero. Este se hace en los ratos que ya existen.

Quince minutos al día, cuando cada quien pueda. Sin sala, sin horario y sin desplazamiento.
El avance se mide por competencia y con evidencia, no por asistencia. Se ve por persona y por equipo.
La clase es hablada: se practica decirlo en voz alta, que es lo que va a tener que hacer.
Las licencias se reasignan. Lo que se paga es el puesto, no la persona.
Qué se estudia
El profesor inteligente dirige la clase igual sea cual sea la materia: sabe qué te toca, qué se te olvidó y cuánto aguantas hoy. Estas son las que están abiertas.
Seis niveles del A1 al C2, más un currículo escolar por grados para quien enseña en un colegio. Con pronunciación, canciones y modo sin conexión.
Ver el cursoDe fracciones a Cálculo I, pensado para reforzar. El estudiante elige el tema que se le atraviesa y se rastrea hacia atrás hasta encontrar el hueco que lo explica.
Con el mismo índice que ve el estudiante, agregado por equipo: qué competencias se dominan y con cuánta evidencia. No con horas de asistencia, que no dicen nada.
El vocabulario y las situaciones se pueden priorizar según el puesto. Hoy hay rutas de servicio al cliente y comercio exterior.
La licencia se reasigna a otra persona. Lo que se contrata es el puesto.
Sí, con los datos de la empresa y el detalle por periodo.
Se contrata por puesto y por materia. Para equipos pequeños tiene sentido desde cinco; por debajo suele salir mejor el plan personal.
Eso lo decide la empresa. La plataforma funciona a cualquier hora, y quince minutos caben tanto en una pausa como en el transporte.
Ve el avance por competencia, no el detalle de cada respuesta. Lo que el empleado escribe o dice en clase no se expone a su jefe.